Europa avanza con determinación hacia una mayor autonomía en el dominio espacial, impulsando programas como la constelación IRIS², nuevas políticas de asignación de espectro y ambiciosos planes nacionales de inversión en capacidades espaciales de defensa. Sin embargo, expertos del sector advierten de que esta estrategia podría quedar incompleta si no se acompaña de un despliegue a gran escala de comunicaciones ópticas, una tecnología clave para garantizar la competitividad y la soberanía a largo plazo.
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