A pocos meses de iniciada su gestión, la sensación de inseguridad vuelve al centro del debate político. Mientras para el Gobierno el control de la delincuencia es una de sus prioridades fundamentales, para una ciudadanía que exige resultados concretos la seguridad podría convertirse, además, en uno de los factores más determinantes a la hora de evaluar su administración.
A menos de siete meses de asumir la Presidencia, José Antonio Kast registra apenas un 32% de aprobación y un 63% de desaprobación, según la última encuesta Plaza Pública Cadem, correspondiente al 4 de octubre. Se trata del nivel de respaldo más bajo desde el comienzo de su mandato.
La medición de Criteria, difundida prácticamente en paralelo, ofrece una fotografía similar, aunque con cifras distintas: 30% de aprobación y 60% de desaprobación. La coincidencia entre ambos sondeos indica que no se trata de una variación aislada, sino de una tendencia.
Detrás de ese descenso surge una pregunta especialmente pertinente para un Gobierno que hizo de la seguridad uno de los pilares de su llegada a La Moneda: ¿percibe la ciudadanía que el Estado está recuperando efectivamente el control frente al delito?
La seguridad ciudadana fue uno de los ejes centrales con los que José Antonio Kast construyó su camino a La Moneda. Durante la campaña presidencial, el combate al crimen organizado, el fortalecimiento de las policías, el control fronterizo y la recuperación de los espacios públicos ocuparon un lugar destacado en su discurso.
Sin embargo, se configura una paradoja política: el mismo tema que pudo contribuir de manera decisiva a llevar a un gobierno al poder puede transformarse en una de sus principales fuentes de desgaste si la población no percibe resultados lo suficientemente rápidos.
La explicación es relativamente sencilla. La seguridad no se evalúa únicamente a través de estadísticas: también se mide en la experiencia cotidiana, en la posibilidad de caminar por el barrio sin temor, usar el transporte público, regresar de noche a casa o confiar en que las instituciones responderán frente a un delito.
La expectativa de resultados
El desafío para la administración Kast es especialmente significativo, porque sus propias promesas elevaron las expectativas ciudadanas.
Cuando un gobierno ubica la seguridad entre sus prioridades principales, la ciudadanía tiende a juzgar su desempeño precisamente desde esa dimensión. Una disminución de determinados indicadores delictuales puede resultar insuficiente si persiste la percepción de que los delitos violentos, el crimen organizado, los homicidios o el control territorial siguen afectando la vida diaria.
Dicho de otro modo, la seguridad posee una característica política que la distingue de otras áreas de gobierno: sus resultados son visibles de inmediato para la población, pero sus soluciones requieren tiempo.
Construir capacidades policiales, reforzar la inteligencia, mejorar la coordinación institucional, modernizar los sistemas de información y enfrentar a organizaciones criminales complejas no produce necesariamente efectos en el corto plazo.
La percepción también gobierna
Uno de los mayores riesgos para La Moneda es que se abra una distancia entre los indicadores oficiales y la percepción ciudadana.
Un Gobierno puede mostrar avances en determinadas cifras y, al mismo tiempo, enfrentar a una opinión pública preocupada por hechos de violencia de alto impacto que reciben amplia cobertura mediática. Por eso, la seguridad no es solamente una cuestión estadística: es también una cuestión de confianza, y recuperar esa confianza puede resultar incluso más complejo que reducir determinados índices delictuales.
¿Es la seguridad el principal factor de desaprobación?
Afirmar de manera categórica que la seguridad es el principal factor detrás de una eventual baja aprobación exigiría examinar las encuestas más recientes y comparar el peso relativo de variables como la economía, el empleo, el costo de la vida, la migración, la salud, la corrupción y la seguridad. Pero existe una hipótesis con relevancia política: la seguridad puede tener un peso superior al de otras áreas porque fue uno de los principales compromisos electorales sobre los que se construyó la expectativa de cambio. Por esa razón, cada delito de alto impacto, cada homicidio y cada episodio asociado al crimen organizado no solo constituye un problema policial: también puede convertirse en un problema de credibilidad política.
El desafío de demostrar resultados
El Gobierno enfrenta así una ecuación compleja: necesita comunicar resultados sin generar una sensación de triunfalismo y, al mismo tiempo, debe evitar que la ciudadanía interprete cualquier dificultad como una señal de fracaso.
La salida probablemente pase por demostrar avances concretos: mayor capacidad investigativa, mejor coordinación entre las policías y el Ministerio Público, inteligencia contra las organizaciones criminales, recuperación de espacios públicos, control de fronteras y una respuesta más rápida frente a las emergencias.
Una prueba decisiva
Para el gobierno de José Antonio Kast, la seguridad representa probablemente uno de los mayores desafíos de gestión, pero también una de sus principales oportunidades políticas.
Si logra que la ciudadanía perciba que el Estado recupera progresivamente el control de los espacios públicos y que cuenta con mayor capacidad para enfrentar al crimen organizado, la seguridad puede transformarse en uno de sus principales activos. Si, por el contrario, la percepción de inseguridad se mantiene alta pese a los anuncios y medidas adoptadas, el mismo tema que contribuyó a construir su liderazgo podría convertirse en uno de los factores que más rápidamente erosionen su respaldo ciudadano.
La pregunta, entonces, no es solo cuántos delitos disminuyen. La cuestión política de fondo es si los chilenos sienten que pueden volver a vivir con mayor tranquilidad.
Y esa brecha —entre los resultados que muestran las estadísticas y la seguridad que experimentan las personas— podría terminar siendo una de las variables más importantes para determinar el futuro político de la administración Kast.
Con Información de revistaseguridad.cl
