Los recientes terremotos que afectaron a distintas zonas de Venezuela, causando más de 4 mil fallecidos hasta el momento y una enorme destrucción material, pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de la infraestructura de comunicaciones frente a los desastres naturales.
Se trata de un desafío que atraviesa a toda América Latina, una región expuesta de forma recurrente a terremotos, huracanes, incendios forestales, inundaciones y otros fenómenos climáticos extremos que, según distintos organismos internacionales, podrían intensificarse bajo la influencia de fenómenos como El Niño. Cuando estas emergencias ocurren, mantener la continuidad de las comunicaciones resulta tan importante como restablecer la energía o el acceso a las zonas afectadas.
Un sismo puede dañar antenas, interrumpir el suministro eléctrico o afectar la infraestructura de telecomunicaciones, impidiendo que las llamadas entren, que los mensajes lleguen y dificultando la coordinación entre organismos de emergencia. En esas primeras horas, cuando cada decisión puede marcar la diferencia, contar con comunicaciones confiables deja de ser una ventaja tecnológica y se convierte en una necesidad.
Silvina Graziadio, VP de Marketing de Globalsat Group, señala que «en una emergencia, la comunicación salva vidas. Permite coordinar el despliegue de equipos de rescate, conocer el estado de las comunidades afectadas, identificar rutas disponibles, compartir imágenes y reportes desde terreno y mantener informadas a las autoridades para tomar decisiones oportunas. Cuando esa información deja de circular, la respuesta inevitablemente se vuelve más lenta y menos eficiente». Agrega que «es precisamente en ese escenario donde las arquitecturas de conectividad híbrida, que integran redes terrestres con comunicaciones satelitales, adquieren un papel fundamental para garantizar la continuidad operativa».
A diferencia de las redes móviles o fijas convencionales, cuya operación depende de infraestructura terrestre como torres, enlaces y suministro eléctrico, las comunicaciones satelitales continúan operando incluso cuando esa infraestructura resulta dañada. Integradas dentro de una arquitectura híbrida, permiten mantener conectadas las operaciones críticas aun cuando parte de las redes tradicionales dejan de estar disponibles.
Existen soluciones diseñadas específicamente para responder en este tipo de situaciones. Los teléfonos satelitales permiten realizar llamadas, enviar mensajes y transmitir datos prácticamente desde cualquier lugar, utilizando redes dedicadas para comunicaciones de misión crítica. Esto les permite mantener una conectividad estable incluso durante emergencias de gran magnitud, cuando otros sistemas pueden verse afectados por la congestión de usuarios. Actualmente, estas soluciones pueden integrarse con redes LTE, 5G, fibra u otras tecnologías disponibles, conformando plataformas de conectividad híbrida capaces de seleccionar el mejor enlace según la disponibilidad y las necesidades de cada operación.
A lo anterior se suman las radios satelitales, que facilitan la coordinación permanente entre brigadas desplegadas en terreno; las terminales BGAN, capaces de instalar en pocos minutos un centro de operaciones con servicios de voz, internet y transmisión de video; y los hotspots satelitales, que permiten conectar teléfonos inteligentes a una red completamente independiente de la infraestructura terrestre. Además, el desarrollo de nuevas constelaciones satelitales y la posibilidad de combinar soluciones que operan en distintas órbitas permiten construir infraestructuras de comunicación aún más resilientes, adaptadas a diferentes escenarios y niveles de criticidad.
Una de las mayores fortalezas de estas soluciones es su capacidad de despliegue. En la mayoría de los casos solo se necesita el equipo, una vista despejada al cielo y un plan de conectividad para comenzar a operar. No hacen falta obras mayores, instalaciones complejas ni esperar a que se restablezcan las redes convencionales.
Los terremotos ocurridos en Venezuela demuestran que ningún país está exento de enfrentar eventos que pueden afectar su infraestructura crítica. Por ello, fortalecer arquitecturas de comunicación resilientes, capaces de combinar múltiples tecnologías y múltiples redes de forma inteligente, ya no debe verse como una opción, sino como parte de la preparación necesaria para responder de manera eficaz ante futuras emergencias.
La experiencia internacional demuestra que la continuidad de las comunicaciones no puede depender de una única tecnología. Prepararse para una emergencia significa contar con arquitecturas resilientes, capaces de integrar distintas redes terrestres y satelitales para mantener conectadas a las personas, las organizaciones y los equipos de respuesta. En medio de una catástrofe, cada minuto cuenta y disponer de información en tiempo real puede marcar la diferencia entre reaccionar y anticiparse.
Con Información de revistaseguridad.cl
