lunes, 31 de agosto de 2026
Policial

El crimen organizado continúa sus operaciones desde el interior de las cárceles

Para la mayoría de las personas, el ingreso de un delincuente a prisión representa el término de su actividad criminal. La lógica parece evidente: quien pierde su libertad deja de constituir una amenaza para la sociedad. Sin embargo, esa premisa no siempre se cumple.

En distintos países de América Latina, diversas investigaciones han demostrado que algunas organizaciones criminales continúan planificando delitos desde el interior de las cárceles, coordinando extorsiones, ordenando homicidios, administrando redes de tráfico de drogas y manteniendo contacto permanente con integrantes que permanecen en libertad. Cuando ello ocurre, la cárcel deja de cumplir plenamente uno de sus objetivos fundamentales: interrumpir la capacidad operativa de quienes integran organizaciones criminales.

La experiencia comparada demuestra que este fenómeno no aparece de un día para otro. Generalmente se desarrolla cuando determinadas estructuras criminales logran establecer mecanismos estables de comunicación con el exterior, controlar espacios dentro de los recintos penitenciarios, corromper funcionarios o incorporar tecnologías que les permiten mantener el mando de sus organizaciones.

Los teléfonos celulares ingresados clandestinamente, las comunicaciones cifradas, el uso de terceros para transmitir instrucciones, los intentos de ingreso de drogas, armas y otros elementos prohibidos mediante drones, así como las redes de apoyo externas, forman parte de un problema que ha sido ampliamente documentado en distintos sistemas penitenciarios del mundo.

En algunos países, las cárceles incluso han llegado a transformarse en verdaderos centros de coordinación criminal, desde donde se planifican secuestros, extorsiones, homicidios por encargo y otras actividades ilícitas que afectan directamente la seguridad de la población.

Chile no enfrenta aún los niveles observados en otras naciones de la región, pero la evolución reciente del crimen organizado obliga a mirar estas experiencias con atención. Anticiparse siempre será más eficaz que reaccionar cuando el problema ya se ha consolidado.

La cooperación policial internacional ha permitido comprobar que las organizaciones criminales transnacionales consideran el sistema penitenciario como un espacio estratégico. Si pierden la capacidad de operar desde prisión, disminuye significativamente su posibilidad de mantener el control de sus redes ilícitas. Por el contrario, cuando logran conservar las comunicaciones, administrar recursos económicos y ejercer liderazgo desde el interior de un penal, la privación de libertad pierde parte de su efecto desarticulador. Por esa razón, la seguridad penitenciaria ya no puede entenderse únicamente como la custodia física de las personas privadas de libertad.

Hoy constituye un componente esencial de la seguridad nacional. Fortalecer los sistemas de inhibición de señales telefónicas, incorporar tecnologías de detección, controlar el ingreso de elementos prohibidos, mejorar la inteligencia penitenciaria, proteger la integridad institucional frente a la corrupción y profundizar la coordinación entre Gendarmería, policías, Ministerio Público y organismos de inteligencia son medidas que forman parte de las estrategias desarrolladas por distintos países para enfrentar este fenómeno.

La experiencia internacional demuestra que las organizaciones criminales evolucionan permanentemente. Cuando una modalidad deja de ser efectiva, desarrollan otra. Esa capacidad de adaptación obliga al Estado a innovar con igual o mayor rapidez.

Las cárceles no deberían convertirse en oficinas desde donde se siga administrando el delito. Deben ser espacios donde la capacidad operativa de las organizaciones criminales sea efectivamente interrumpida. Porque la privación de libertad pierde parte de su sentido cuando quien cumple una condena mantiene intacta su capacidad para seguir dirigiendo delitos desde el interior de un recinto penitenciario.

La verdadera fortaleza de un sistema penitenciario no se mide únicamente por la seguridad de sus muros. Se mide por su capacidad para impedir que el crimen organizado continúe gobernando desde detrás de ellos.

Con Información de revistaseguridad.cl

Editor

Redacción.

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