miércoles, 16 de septiembre de 2026
Policial

China reafirma su posición en materia de seguridad durante el Foro de Xiangshan

Taiwán, Oriente Medio e inteligencia artificial son los temas que concentran la atención en el encuentro de defensa que se llevará a cabo en Beijing. China busca expandir su influencia en la discusión estratégica y ofrecer al Sur Global un espacio para participar en decisiones que las grandes potencias han controlado durante décadas.

La competencia por el poder internacional también se desarrolla en los espacios donde se definen las amenazas y se plantean las respuestas. A través de la decimotercera edición del Foro de Xiangshan, China procura consolidar una plataforma propia de diplomacia de defensa, en un contexto marcado por conflictos regionales y competencia tecnológica. Esta iniciativa tiene una dimensión política: fortalecer su capacidad para convocar y establecer prioridades en la discusión sobre seguridad global.

El encuentro está previsto para los días 15 a 17 de septiembre en Beijing. De acuerdo con el Ministerio de Defensa chino, se espera la participación de delegaciones oficiales de aproximadamente cien países, regiones y organizaciones internacionales, con más de sesenta representantes de nivel ministerial o jefaturas militares. Estas cifras corresponden a la convocatoria anunciada por los organizadores.

El programa incluye estabilidad estratégica, conflictos regionales, seguridad en Asia-Pacífico y participación de países en desarrollo. Asimismo, abarca rutas marítimas, aplicaciones militares de tecnologías emergentes y seguridad espacial. La amplitud de la agenda refleja una ambición que trasciende el intercambio entre uniformados: vincular defensa, desarrollo y capacidad de decisión internacional.

Para los países del Sur Global, esta apertura representa una oportunidad, siempre que su participación les permita introducir sus propias prioridades y no se reduzca a respaldar posiciones previamente establecidas por las potencias.

Taiwán será uno de los temas más delicados. Beijing considera a la isla parte de su territorio y no ha descartado el uso de la fuerza; las autoridades taiwanesas sostienen que su población debe decidir su futuro. Estados Unidos desempeña un papel central como proveedor de armamento para Taipéi. Estas posiciones enfrentadas colocan la prevención de una escalada entre los desafíos inmediatos del diálogo.

Desde la perspectiva china, la participación estadounidense constituye una interferencia en un asunto de soberanía. Esta posición fue reiterada por su Cancillería el 14 de septiembre. Su presentación en un foro internacional permite a Beijing exponer el problema desde sus propios fundamentos políticos.

Sin embargo, una plataforma de diálogo debe servir también para reducir riesgos. La firmeza de las posiciones nacionales debe acompañarse de comunicaciones militares confiables y mecanismos para evitar que un incidente genere una confrontación mayor. La utilidad de Xiangshan dependerá, en parte, de su contribución a ese objetivo.

Oriente Medio presenta otro desafío. Los organizadores anunciaron encuentros a puerta cerrada sobre esa región y Ucrania, diseñados para facilitar intercambios entre participantes con posiciones diferentes. La existencia de estos espacios no implica negociaciones formales ni acuerdos, pero ofrece una posibilidad de contacto que merece atención.

En ese sentido, el 14 de septiembre China manifestó preocupación por las víctimas civiles y los daños a infraestructura energética en Yemen y el mar Rojo. Su Cancillería rechazó los ataques contra instalaciones esenciales para la población y solicitó una salida política y diplomática.

Esa posición proporciona un criterio para evaluar cualquier propuesta de seguridad: la protección de las personas y de sus condiciones de vida. Un debate concentrado únicamente en disuasión, despliegues y control territorial resulta insuficiente cuando la destrucción de infraestructura prolonga los efectos de la guerra sobre la población.

La inteligencia artificial introduce una disputa adicional: quién determina los límites de su utilización militar. El programa de Xiangshan incluye expresamente los riesgos y la regulación de las tecnologías emergentes. Allí debería examinarse qué decisiones requieren control humano, cómo se verifica la fiabilidad de los sistemas y quién es responsable por sus consecuencias.

No son preguntas abstractas. Una investigación sobre armas autónomas identifica problemas de imprevisibilidad, falta de transparencia y fiabilidad operacional que pueden comprometer el control e incrementar el riesgo de consecuencias involuntarias. El estudio advierte que superar pruebas no garantiza un comportamiento seguro en condiciones reales.

Beijing ha defendido una cooperación en inteligencia artificial abierta e inclusiva y ha cuestionado los discursos que presentan el avance tecnológico chino como una amenaza por definición. Esta posición desafía una lógica de competencia en la que preservar la ventaja nacional puede desplazar la discusión sobre riesgos compartidos. También compromete a China a demostrar cómo traduce sus principios en prácticas verificables.

China ofrece una tribuna para disputar la agenda internacional de seguridad. Su valor deberá medirse por la capacidad de escuchar diferencias, mantener contactos y promover compromisos concretos. La multipolaridad será más relevante para el Sur Global cuando amplíe su capacidad de decisión, además de diversificar los lugares donde se reúne.

Fotografía: CGTN

Con Información de elradar.cl

Editor

Redacción.

Deja tu comentario