La crisis de sobrepoblación carcelaria que atraviesa Chile, con cifras oficiales que superaron el 47% de ocupación al cierre de 2025, ha demostrado que el crecimiento en infraestructura física resulta insuficiente si no se acompaña de una gestión tecnológica unificada capaz de aprovechar al máximo sus capacidades. En recintos donde la rotación nocturna y la visibilidad en tiempo real enfrentan límites operacionales, la fragmentación de los sistemas tradicionales genera puntos ciegos críticos que son aprovechados por el crimen organizado.
Frente a este panorama, la visión de una “Cárcel Conectada” propone una implementación tecnológica integrada que opera como un ecosistema, con un enfoque proactivo que abarca comunicaciones críticas, software de centro de comando y control centralizado, gestión de videoseguridad con inteligencia artificial y elementos de control de acceso, con el objetivo de agilizar los procesos en estos centros, operativamente complejos y que deben documentar minuciosamente su quehacer diario.
Para ilustrar cómo responde un ecosistema integrado ante una amenaza real de seguridad, sirve el ejemplo de un intento de ingreso de contrabando mediante un ‘pelotazo’ por el perímetro de un recinto penitenciario. En ese caso, las cámaras con IA y los sensores biométricos perimetrales identifican de inmediato la intrusión y la presencia de sospechosos. Esa información se consolida de forma automática en Avigilon Unity 8, la plataforma de gestión de seguridad que centraliza la alerta y habilita al centro de control para enviar datos tácticos, con coordenadas exactas, a los radios de misión crítica P25 APX Next y a las cámaras corporales de la guardia. Al aproximarse al punto del incidente, los guardias verifican y contienen la amenaza en cuestión de minutos, mientras la biometría y los escáneres de inspección no intrusiva confirman el hallazgo de narcóticos o armas, y todo el suceso queda registrado bajo una estricta cadena de custodia. La coordinación en tiempo real de estas tecnologías —orquestada por la capacidad analítica de Avigilon Unity 8— impide que las plataformas funcionen como islas y neutraliza el riesgo antes de que se transforme en una crisis.
En el caso de las revisiones y el control de paquetes sospechosos, un escáner portátil de rayos X integrado al ecosistema y potenciado con inteligencia artificial (MDR) examina el material sin manipulación destructiva, detecta narcóticos o armas cortopunzantes y asocia el hallazgo, de principio a fin, a la bitácora digital de la guardia central. En paralelo, capas incorporadas de ciberseguridad aíslan la infraestructura de TI de Motorola Solutions de intentos de sabotaje digital, tanto externos como internos, preservando la continuidad operativa en toda la instalación. En tan solo unos minutos, un incidente de esta naturaleza queda contenido, neutralizado y respaldado por un flujo de información confiable.
Se trata de apenas una de las múltiples situaciones que ocurren en las cárceles de Chile y América Latina donde la tecnología demuestra ser un aliado de la seguridad y cumple un objetivo primordial y más profundo para la sociedad: proteger la vida tanto de los funcionarios de custodia como de las personas privadas de libertad, anticipando los riesgos antes de que deriven en crisis y optimizando los tiempos de respuesta. Sin duda, este enfoque de arquitectura de soluciones integradas e interoperables —en el que las comunicaciones, la videoseguridad, el análisis de datos con IA, el despacho táctico, la inspección no intrusiva y la ciberseguridad conviven en una plataforma única— constituye la clave para resolver los desafíos actuales e incluso avanzar en otros indicadores, como la conducta de las personas recluidas, la prevención de delitos originados desde las cárceles, y la atención de abusos y faltas a los derechos humanos.
Por: Giorgio Cuneo, Director de Territorio & Country Manager, Motorola Solutions Chile
Con Información de revistaseguridad.cl
