martes, 3 de noviembre de 2026
Policial

Ciberseguridad: los cuatro desafíos de la inteligencia artificial que es preciso aprender a afrontar

Durante mucho tiempo, la ciberseguridad se entendió como una competencia constante entre quienes atacan y quienes intentan protegerse. Con la llegada de la inteligencia artificial (IA), esa dinámica ha cambiado de velocidad y, posiblemente, de reglas. El problema actual no radica únicamente en que los delincuentes dispongan de herramientas más sofisticadas, sino en que la propia tecnología podría ejecutar acciones que nadie previó.

Para comprender este panorama conviene distinguir cuatro dimensiones: la IA ofensiva, la IA rebelde, la IA defensiva y la IA corporativa. Aunque se encuentran vinculadas entre sí, cada una representa riesgos y desafíos distintos.

La IA ofensiva constituye, probablemente, la amenaza más visible. Los ciberdelincuentes ya recurren a modelos de inteligencia artificial para detectar vulnerabilidades, desarrollar herramientas maliciosas y automatizar ataques. Incluso han logrado encontrar formas de evadir las barreras de seguridad de modelos comerciales.

Sin embargo, existe un fenómeno aún más inquietante, vinculado a la IA rebelde. En este caso no se trata simplemente de un delincuente que utiliza tecnología para atacar, sino de sistemas autónomos que, al perseguir un objetivo, pueden terminar ejecutando acciones ofensivas no previstas. Vulnerar sitios web, engañar a personas o robar información podrían convertirse en medios para alcanzar una meta. Si la IA toma caminos que sus propios desarrolladores no anticiparon, cabe preguntarse quién tiene realmente el control.

Aunque existen más casos documentados de IA ofensiva, la IA rebelde genera especial preocupación por su potencial de evolución y por las consecuencias difíciles de anticipar. De ahí surge una pregunta incómoda: si un agente autónomo provoca un ataque, ¿quién asume la responsabilidad? ¿Su creador, la organización que lo puso en funcionamiento o el proveedor del modelo? La respuesta todavía no está suficientemente clara. En Chile, además, la regulación de la IA sigue siendo un desafío pendiente.

Frente a estas amenazas surge la IA defensiva, que ya se ha incorporado a las herramientas tradicionales de ciberseguridad. Permite detectar patrones, identificar anomalías, anticipar riesgos y automatizar respuestas. La industria ha avanzado con rapidez y hoy la inteligencia artificial forma parte de la propuesta de valor de buena parte de las soluciones de seguridad.

No obstante, automatizar no implica acertar siempre. Un sistema puede confundir una actividad legítima con un ataque y bloquear procesos esenciales para el negocio. Por eso, la defensa inteligente requiere controles, supervisión y criterios claros que determinen cuándo actuar de manera automática y cuándo solicitar intervención humana.

El cuarto frente, quizás uno de los más sensibles, es la IA corporativa, es decir, la inteligencia artificial entendida como un activo que debe protegerse. Las empresas están creando agentes para automatizar tareas, procesar información y reemplazar actividades que antes exigían equipos completos. El entusiasmo es comprensible, pero cada nuevo agente también puede transformarse en una puerta de entrada para los atacantes.

El desafío, entonces, no consiste en frenar la innovación, sino en aprender a gobernarla. Esto implica identificar cada agente, limitar sus permisos, vigilar sus acciones y comprender qué puede hacer con la información a la que accede.

La historia de la ciberseguridad enseña que muchas organizaciones reaccionan demasiado tarde. Esta vez no existe ese margen. La IA permitirá que los ataques sean más rápidos, frecuentes y masivos, mientras los equipos de seguridad deberán proteger tanto los sistemas tradicionales como los nuevos entornos inteligentes.

En definitiva, no basta con incorporar inteligencia artificial: también es necesario aprender a controlarla. Porque, en un mundo donde los ataques ocurren en segundos, detectar una amenaza sin reaccionar a tiempo puede resultar prácticamente lo mismo que no haberla detectado.

Por Fernando Fuentes, gerente de Innovación & Desarrollo de NOVARED – www.novared.net

Con Información de revistaseguridad.cl

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Redacción.

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