Alemania estaría evaluando la posibilidad de realizar aportaciones económicas al programa nuclear británico con el objetivo de fortalecer la disuasión nuclear europea y disminuir la dependencia estratégica del continente respecto de Estados Unidos.
La información, publicada inicialmente por The Telegraph y posteriormente recogida por UK Defence Journal, indica que funcionarios alemanes están analizando diferentes opciones para respaldar las capacidades nucleares existentes de Reino Unido y Francia, en lugar de avanzar hacia el desarrollo de un arsenal nuclear alemán independiente.
Esta estrategia representa un cambio significativo considerando que Alemania es un Estado no poseedor de armas nucleares conforme al Tratado de No Proliferación Nuclear, aunque participa desde hace décadas en el esquema de nuclear sharing de la OTAN y dispone de aeronaves destinadas a funciones nucleares dentro de la Alianza.
El nuevo esquema sería diferente, pues Alemania no adquiriría armas nucleares ni tendría autoridad sobre las británicas. La idea se enfoca en cómo Berlín podría contribuir económica, industrial o militarmente a mantener unas fuerzas nucleares que permanecerían bajo control soberano británico y francés.
Según las informaciones disponibles, una de las posibilidades más concretas sería menos espectacular que financiar directamente una nueva ojiva. Alemania podría desplegar sistemas Patriot para reforzar la defensa aérea de instalaciones vinculadas a la fuerza nuclear británica.
Entre estos sitios se encuentra HMNB Clyde, en Faslane, Escocia, principal base de los submarinos estratégicos de la Royal Navy. Una fuente británica consultada por The Telegraph consideró esta clase de contribución convencional como una alternativa más realista que involucrar directamente a la industria alemana en la construcción de submarinos nucleares británicos.
Reino Unido está ejecutando simultáneamente varios de los programas más costosos de su estructura militar. Los cuatro submarinos estratégicos clase Vanguard deberán ser reemplazados por cuatro unidades de la nueva clase Dreadnought, destinadas a mantener la política de Continuous At-Sea Deterrent, que consiste en conservar permanentemente al menos un submarino armado con misiles nucleares en patrulla.
Los Dreadnought continuarán empleando el misil balístico lanzado desde submarinos Trident II D5, mientras Londres desarrolla además una nueva generación de ojivas.
La Strategic Defence Review británica confirmó una inversión de £15.000 millones durante el actual período parlamentario para el programa de ojivas nucleares, que contempla la nueva ojiva soberana Astraea, que mantiene importantes vínculos tecnológicos con el programa estadounidense W93.
Financial Times informó que el plan de inversión británico contempla alrededor de £63.000 millones durante cuatro años para la modernización de la empresa nuclear, cifra equivalente aproximadamente a entre una quinta y una cuarta parte del gasto de defensa británico durante ese período. La presión presupuestaria ha originado advertencias de que la renovación nuclear podría terminar desplazando inversiones necesarias en capacidades convencionales.
Una contribución alemana tendría una segunda consecuencia: ayudar a repartir parte del enorme costo de mantener una capacidad que, aunque es nacional, Londres considera también parte de la disuasión colectiva de la OTAN.
La decisión de emplear armas nucleares británicas continúa siendo exclusivamente del gobierno de Londres. Sin embargo, esto no significa que toda la arquitectura material que sostiene el arsenal sea completamente independiente de Estados Unidos.
Los misiles Trident II D5 son estadounidenses y Reino Unido participa en un sistema común de mantenimiento y apoyo de esos misiles. La cooperación nuclear entre Washington y Londres se remonta al Mutual Defence Agreement de 1958 y constituye una de las relaciones nucleares bilaterales más profundas existentes.
La dependencia tecnológica británica respecto de Estados Unidos hace que tal transformación fuese considerablemente más compleja. Una mayor implicación europea podría, sin embargo, reforzar la resiliencia de esa arquitectura y repartir parte de los costos asociados a su sostenimiento, aunque no significaría convertir a Trident en una fuerza nuclear europea autónoma de Washington.
En marzo de 2025, Friedrich Merz ya había planteado públicamente la necesidad de conversar con Londres y París sobre la disuasión nuclear europea. Su argumento era que Europa debía fortalecer su capacidad nuclear colectiva. Meses después, Reino Unido y Alemania incorporaron formalmente la cuestión nuclear a su relación bilateral.
El Tratado de Kensington, firmado en julio de 2025, establece que ambos gobiernos mantendrán intercambios profundos sobre disuasión, defensa y asuntos nucleares, además de coordinar sus posiciones para aumentar la contribución europea a la seguridad del continente. El documento también establece explícitamente la intención de intensificar la cooperación trilateral con Francia.
Francia y Reino Unido dieron un paso histórico en julio de 2025 mediante la Declaración de Northwood. Ambos gobiernos establecieron que no existe una amenaza extrema contra Europa que no provoque una respuesta de las dos potencias y acordaron profundizar la coordinación de sus políticas, capacidades y operaciones nucleares mediante un grupo directivo conjunto. Las fuerzas permanecen independientes y las decisiones de empleo continúan siendo nacionales, pero París y Londres comenzaron a coordinar explícitamente sus respectivas disuasiones.
Durante 2026, París y Berlín establecieron un grupo de alto nivel dedicado específicamente a estas materias. Entre las primeras medidas se encuentra la participación convencional alemana en ejercicios nucleares franceses y visitas conjuntas a instalaciones estratégicas. Francia ha presentado estas iniciativas como complementarias y no sustitutivas de la disuasión nuclear de la OTAN.
Francia aporta una fuerza nuclear completamente soberana y diversificada entre componentes navales y aerotransportados. Reino Unido proporciona una fuerza estratégica basada principalmente en submarinos balísticos y estrechamente integrada tecnológicamente con Estados Unidos. Alemania, sin armas nucleares propias pero convertida nuevamente en una de las principales potencias militares e industriales europeas, podría aportar recursos financieros, defensa convencional, infraestructura e industria.
La disuasión extendida siempre enfrenta el mismo interrogante: estaría realmente dispuesto un Estado nuclear a arriesgar la destrucción de su propio territorio para defender a un aliado?
Durante décadas Washington respondió a esa pregunta con tropas desplegadas en Europa, armas nucleares estadounidenses estacionadas en el continente, ejercicios, planificación conjunta y el compromiso político de la OTAN. Que Alemania financie parcialmente determinadas capacidades británicas no significa que Berlín pueda decidir cuándo utilizarlas. Tampoco implica automáticamente si Londres respondería con armas nucleares ante cualquier ataque contra territorio alemán. La Declaración de Northwood constituye precisamente un intento de reducir esa ambigüedad al vincular más estrechamente los intereses vitales británicos y franceses con la seguridad del continente europeo.
Los Patriot alemanes defendiendo Faslane podrían tener un significado político mayor que su función estrictamente militar. Soldados y sistemas alemanes protegiendo la base desde la cual opera parte de la fuerza nuclear británica crearían una vinculación física entre las capacidades estratégicas de un Estado y la defensa convencional de otro.
Ese tipo de integración puede terminar siendo tan importante para la credibilidad de una disuasión extendida como una transferencia directa de dinero.
Desde la perspectiva alemana, reforzar las capacidades existentes de Francia y Reino Unido ofrece una alternativa considerablemente menos disruptiva.
La propia Strategic Defence Review británica reconoce que una misión nuclear fuerte de la OTAN constituye uno de los instrumentos más importantes para convencer a los aliados de que no necesitan desarrollar armas nucleares propias.
Alemania no necesita necesariamente una bomba alemana si puede contribuir a hacer suficientemente creíble una garantía nuclear británica y francesa sobre Europa. Por ahora las conversaciones se encuentran en una etapa exploratoria y no existe un acuerdo anunciado para que Alemania financie Trident. Tampoco está definido qué obtendría Berlín políticamente a cambio de una eventual contribución ni hasta dónde Londres estaría dispuesto a abrir su sensible infraestructura nuclear a una participación europea más grande.
Durante buena parte de la Guerra Fría y las décadas posteriores, la ecuación nuclear europea descansó fundamentalmente sobre Estados Unidos, complementada por las fuerzas nacionales británica y francesa. Lo que ahora se pone sobre la mesa es distinto: si esas dos fuerzas nacionales pueden transformarse gradualmente en el núcleo de un pilar nuclear europeo dentro de la OTAN.
La posible participación alemana en Trident revela hasta qué punto Europa está comenzando a prepararse para un escenario que hasta hace pocos años parecía políticamente improbable: tener que asumir una parte mucho mayor de su propia disuasión nuclear.
Con Información de latrinchera.cl
