jueves, 17 de septiembre de 2026
Policial

China intensifica estrategia de control digital mediante desarrollo de infraestructura espacial

China avanzó este martes en el desarrollo de su infraestructura de comunicaciones espaciales. Un cohete Zhuque-2E Y7 despegó a las 14:26, hora de Beijing, desde la zona piloto de innovación espacial comercial de Dongfeng, en el noroeste del país, y colocó diez satélites en las órbitas previstas. Xinhua informó que la misión concluyó exitosamente e identificó la carga como el grupo polar 19 de la constelación Qianfan.

El alcance de la operación supera el balance de un lanzamiento. Desarrollar una red satelital propia implica construir capacidad para decidir cómo se despliega, administra y amplía una infraestructura de conectividad. Desde esa perspectiva, el avance chino tiene una dimensión política: fortalece las bases materiales de su autonomía tecnológica.

LandSpace, empresa responsable del vehículo, señaló que esta fue la novena misión de la familia Zhuque-2 y su primera operación de despliegue para una constelación de internet satelital a gran escala. La compañía sostiene que el Zhuque-2 mejorado ya realiza lanzamientos comerciales regulares, mientras continúa desarrollando la reutilización del Zhuque-3. Son programas distintos, vinculados al objetivo de ampliar su capacidad de transporte espacial.

La diferencia resulta relevante. Una megaconstelación requiere continuidad: fabricar satélites, coordinar sucesivos lanzamientos y sostener una red durante su vida útil. La capacidad industrial para repetir esas operaciones será determinante para transformar los avances técnicos en servicios estables.

Qianfan está concebida como una constelación de banda ancha en órbita baja, con una planificación superior a los 15.000 satélites. Esa cifra representa una meta del proyecto, no su despliegue actual. Xinhua Finanzas informó este martes sobre esa escala prevista y sobre la incorporación de los diez nuevos aparatos.

China está fortaleciendo una condición indispensable para disputar influencia tecnológica: disponer de infraestructura propia. La autonomía adquiere contenido cuando existen conocimientos, instalaciones y capacidad productiva para respaldarla. Cada misión exitosa contribuye a esa construcción, aunque ninguna, por sí sola, permita dar por completada la red ni asegurar su desempeño comercial.

Para los países que buscan ampliar sus opciones de conectividad, el desarrollo de nuevos proveedores podría abrir oportunidades de negociación y cooperación. Esa posibilidad dependerá de cobertura efectiva, precios, terminales disponibles y acuerdos de servicio. El lanzamiento anunciado no permite establecer todavía esas condiciones.

Su relevancia para Chile y América Latina está precisamente en la necesidad de anticiparse. Una política tecnológica con objetivos propios debería evaluar las oportunidades de cooperación con China mediante criterios concretos: transferencia de conocimientos, formación de especialistas, continuidad del suministro y participación nacional. Descartarlas por alineamientos ideológicos restringiría el margen de decisión antes de examinar sus beneficios.

También sería insuficiente limitarse a contratar servicios. La pregunta estratégica es cuánto conocimiento y capacidad de gestión queda en el país receptor. Diversificar proveedores puede mejorar las condiciones de negociación; desarrollar capacidades locales permite sostener esa ventaja.

El despegue desde Dongfeng muestra una China que continúa convirtiendo proyectos espaciales en infraestructura. Para América Latina, el desafío consiste en relacionarse con ese avance desde una agenda de desarrollo propia. La soberanía digital necesita decisiones industriales, inversión científica y cooperación internacional que deje capacidades duraderas.

Con Información de elradar.cl

Editor

Redacción.

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